Llevo mucho tiempo queriendo publicar esto porque tengo ciertos “conflictos” por cómo ha evolucionado lo que sé, lo que me funciona y lo que hoy en día puede encontrarse respecto a la autoinmunidad. Si eres una de esas personas que me escribe porque quiere preguntarme si puede comer un determinado alimento, por favor, lee antes todo el texto.
No quiero colaborar a enviar mensajes que puedan confundirte más
Llevo un tiempo pensando que podría estar lanzando un mensaje confuso con respecto a la espondilitis, la autoinmunidad en general y la alimentación. Me inquieta que se pueda interpretar que la dieta sin almidón es la vía para mejorar de la espondilitis. Sé que en ningún lado he dicho eso, pero a veces recibo mensajes que me hacen pensar que es lo que proyecto. Y no me gusta. Es una situación que me incomoda bastante y no estoy segura de saber cómo resolverla del todo.
La primera medida fue eliminar la coletilla “recetas sin almidón” del logotipo. También la he ido quitando de las descripciones en mis perfiles de las redes sociales (aunque siga utilizando la etiqueta #sinAlmidón cuando el plato que presento lo cumple y en mi página web sólo puedan encontrarse recetas “sin” él).
Por otro lado, sé de primera mano lo difícil que son los primeros días al enfrentarte a una dieta tan restrictiva. De pronto dejas de comer muchos productos que te parecían básicos e indispensables y en este sentido, creo que algunas de las recetas pueden ser de ayuda. No sé cómo voy a enfocar el futuro de esta página respecto al tema de las recetas, porque me preocupa que algunas personas se queden con el mensaje de que el almidón es el malo y en realidad, nuestros problemas van más allá de una determinada molécula.
Tienes que encontrar tu propio camino
Es increíble el daño que ha hecho y sigue haciendo la industria alimentaria y profesionales de la salud no actualizados que pueden llegar a perpetuar mitos y hábitos incluso contraproducentes. Por eso, por muy sano que creas que comes, creo que replantearte tu alimentación es uno de los pasos más inteligentes que puedes dar. Y si es con la ayuda de un profesional, mejor. Podría suponer una diferencia abismal en cómo te sientes ahora y cómo puedes llegar a sentirte. Quizás sea la dieta sin almidón, la de los carbohidratos específicos (SCD) que es muy similar, FODMAPs, protocolo autoinmune (AIP), paleo… o sencillamente dejar de comer procesados y apostar por alimentos reales (ir a la materia prima) priorizando las verduras en tus platos. En realidad, esto último deberíamos hacerlo todos tengamos problemas de salud (para corregirlos o minimizarlos) o no (para prevenirlos).
Sin duda la alimentación es un pilar importantísimo, pero no es el único y si continúas indagando, verás que la actividad física es fundamental especialmente si hay problemas hormonales de por medio (y todos, de un modo u otro, estamos expuestos al estrés), el descanso de calidad y en cantidad respetando en lo posible los ritmos circadianos, gestionar nuestras emociones… ¡Hay tanto sobre lo que podemos incidir para ir recuperando nuestra salud y dejar atrás síntomas! Si no lo has leído ya, a lo mejor te interesa «El cambio a la dieta sin almidón…» donde hablo de mi experiencia al incorporar nuevos hábitos con la espondilitis. En muy breve, profundizaré un poco más según lo vivido con el hipotirodismo autoinmune (Hashimoto).
Conocer la experiencia de otras personas (pacientes y profesionales) me ha resultado siempre muy enriquecedora. Pero hay que ser consciente de que aunque en ocasiones compartamos síntomas, las causas que los producen pueden ser de lo más diverso. Cada persona tiene su historia, sus circunstancias y su bioquímica (evito utilizar «genética» porque todavía está generalizado asociarlo a algo estático, «que te ha tocado», cuando no es así).
El reencuentro con tu salud es un camino que debes seguir según el punto del que hayas partido y durante el tiempo necesario, idealmente de la mano de un profesional de la salud que atienda las enfermedades autoinmunes y pueda ayudarte en que se realice de la mejor forma.
Pero entonces, dieta sin almidón ¿sí o no?
Estoy segura de que mi cambio de alimentación fue una de las claves para mi recuperación en pleno brote de espondilitis y optimizar mi salud hasta unos niveles que nunca había conocido. ¿Pero puedo decir que con la dieta sin almidón podrás mejorar o evitar tu espondilitis? Lo siento, pero no puedo decir eso por varias razones:
- no soy una profesional de la salud.
- y en caso de que lo fuera, no sé quién eres ni conozco tu historia.
- las enfermedades autoinmunes son multifactoriales y aunque como afirman numerosos autores, los pacientes compartimos una permeabilidad intestinal alterada, las causas que la provocan pueden ser de lo más diversas (estrés psicológico, emocional, físico… Por ejemplo: relaciones tóxicas, constantes discusiones, sedentarismo, infecciones, desequilibrios en la flora intestinal por medicación o dieta inadecuada…).
- si tienes otros problemas añadidos o derivados de tu condición autoinmune, quizás una dieta tan baja en carbohidratos no sea lo más deseable para ti.
La casualidad, la suerte o probablemente una disbiosis importante por una dieta vegetariana a priori sana pero en realidad muy mal llevada, hizo que prescindir del almidón durante muchos meses (años incluso) me permitiera dejar atrás el dolor y ganar mucho en energía y bienestar. Sencillamente dí las herramientas y el tiempo (puede que de más) que mi cuerpo necesitaba para salir del pozo en el que me estaba metiendo. Parece que esta dieta ha ayudado a otras personas con el mismo problema pero esto no quiere decir que sea la única, ni que sea tu solución.
Me voy a permitir darte unos consejos
Mi intención a la hora de crear esta página y la actividad en redes sociales asociada, no fue otra que dar difusión a la idea de que podemos hacer mucho nosotros mismos para minimizar los síntomas y recuperar nuestra salud. Y si nos referimos a nuestra actitud, ya sea con respecto a la alimentación, al ejercicio, a la gestión del estrés, de nuestras emociones… permitidme algunos puntos que considero muy importantes a tener en cuenta:
- Empodérate. Leer, entender qué te pasa, de dónde viene tu mal y qué puedes hacer para minimizarlo o evitarlo. Hoy en día tenemos a nuestra disposición libros fantásticos, blogs, profesionales que comparten conocimientos y experiencias en las redes… A mayor conocimiento, mayor criterio para tomar decisiones y mayor adherencia a los necesarios cambios en los hábitos de vida. Personalmente quería saber qué opciones tenía para adoptar aquellas que encajaran mejor con mi forma de ver las cosas y de este modo, pude comprobar que la prevención era posible frente a la opción de tratamiento, que era la única que me ofrecían en la seguridad social.
- Persevera. No hemos llegado a esta situación de la noche a la mañana y del mismo modo, recuperarse o minimizar síntomas puede ser un proceso largo, molesto e incluso doloroso a ratos. Y esto va muy relacionado con lo siguiente…
- Toma perspectiva. En los procesos de mejora, a menudo hay capítulos en los que nos parece que no avanzamos. Hay que ser justos con nosotros mismos y hacer un ejercicio de reflexión para visualizarnos en la actualidad y compararlo con el punto de partida, no con ayer o la semana pasada cuando te encontrabas bien. Siempre hago este símil que me regaló una terapeuta. Nuestra recuperación es como una sierra. Tenemos que observar si la tendencia general nos lleva hacia donde queremos (aunque sea lenta) y tener presente que hay «dientes arriba y abajo» durante el camino. Después de hacer esto, revisar de nuevo los dos puntos anteriores. 😉
- Conócete. Sirve para hacerse la vida más fácil y agradable. Tanto a nivel físico, como psicológico (si es que se puede hacer esa distinción). El primero podréis descubrirlo mediante la actividad física (no me cansaré de insistir en lo necesaria que es). Si queréis profundizar realmente, un buen maestro de yoga, pilates, Feldenkrais… puede ayudaros mucho con la consciencia de vuestro propio cuerpo. A nivel digestivo, es un tesoro descubrir qué alimentos toleramos y cuáles no (es difícil para algunos, especialmente porque nuestra tolerancia a ellos varía según nuestro estado de salud).
Respecto al «segundo plano» que planteo, me gustaría comentar sólo un aspecto. A veces no somos conscientes de que en nosotros mismos, con nuestro patrón de pensamiento – emoción – acción, hay muchas claves que nos están creando malestar (estrés). Desde niños podemos crear “programas” para protegernos, que con los años automatizamos y usamos sin ser consciente de que ante determinadas situaciones, aplicamos siempre la misma secuencia de acción. Ser conscientes de la existencia de estos patrones y cuándo los ponemos en marcha, puede ayudarnos mucho a corregir pensamientos tóxicos que derivan en emociones nocivas y que nos hacen actuar de una forma que puede ser fuente de sufrimiento. ¿Te suenan frases del tipo…?- “me adapto constantemente a los demás”, que va de la mano de…
- “estoy pendiente de…” sin hacer caso a lo que pasa conmigo.
- “un último esfuerzo”, “tengo que dar el máximo de mi”… aunque te estés arrastrando, porque lo importante es llegar y además, sonriendo y sin manchas.
- “si no hago nada siento que pierdo el tiempo” y ese nada puede incluir actividades de lo más necesario para tu descanso, para tu salud.
- «soy demasiado ¿torpe, etc?», «no valgo para…» o el otro extremo «tengo que ser el mejor».
Os dejo un ejercicio muy sencillo que a mí me ha resultado muy útil para alguna de las anteriores. Cuando os encontréis mal (con miedo, enfadados, decepcionados, tristes, culpables…) podéis reflexionar sobre qué ha pasado que os ha llevado a ese estado. Observad después qué habéis pensado después de lo sucedido, qué habéis sentido (esta parte es difícil para algunas personas) y cómo habéis actuado. El tomar consciencia de esta línea de sucesos, a veces es suficiente para romper tendencias negativas y encontrar pensamientos más amables y flexibles que expliquen la «situación problema» y que no nos encajen en emociones negativas, para poder quizás, dar respuestas más asertivas o simplemente, dejar de estar paralizado.
Actitud
En mi opinión, somos responsables de nuestra salud y si la perdemos (por lo que sea), por mucho que nos cueste, entristezca o enfade (sé que es duro), nadie va a estar más interesado que uno mismo en volver a recuperarla. Por eso es fundamental replantearse qué podemos hacer para mejorar o minimizar daños (para lo cual hay que primero aprender qué factores pueden estar influyendo en nuestro estado y/o consultar con un profesional cualificado), y comprometerse con esos cambios. Quejarnos, culpabilizar o buscar excusas, no nos va a ayudar precisamente.
«Lo que vale cuesta. Una de las grandes claves de la vida buena consiste justamente en saber aplazar la gratificación, porque eso es lo que convierte el deseo en voluntad.»
Adela Cortina
Transformemos nuestros deseos en voluntad.
Que bonito post, gracias
Gracias a ti Pablo 🙂
Hola Luisa, estoy descubriendo tu blog gracias a Instagram y me gusta mucho! Enhorabuena.
¡Hola Alice!
Muchas gracias. 🙂 Es un proyecto que arranqué con muchas ganas en 2013 si no recuerdo mal, pero entre trabajo y estudios no le he dado la atención y constancia que me hubiera gustado. Gracias a algunos cambios que se están produciendo en los últimos meses, espero que vaya cambiando y pueda colaborar un poco más a compartir mi experiencia por si ayuda a otras personas recién diagnosticadas que no se conformen con parches para sus problemas. Que sepan que hay alternativa y que funciona. Las dos lo sabemos muy bien 🙂
Gracias de nuevo por pasarte. Un abrazo fuerte 🙂
Hola Luisa, anoche descubrí tu blog y ya lo leí completo! Yo tengo EA y mi papá también, soy de Chile y estuve viendo a una doctora que se especializa en lo autoimmune, me dio una dieta alcalina y varios suplementos naturales, estuve muy bien de los dolores y este año quede embarazada, tengo 5 meses y se me ha agudizado mucho el dolor de las sacroiliacas. Por orden de mi ginecólogo tuve que volver a tomar leche y carne roja. Me ha dolido tanto que hasta tuve que dejar de ir a yoga. En este momento me siento abrumada, no se que hacer para que se me pase el dolor de las Caderas. Es obvio que no puedo hacer dieta estricta por ahora. Solo quiero que pase rápido el tiempo y volver a mi rutina normal.
Un abrazo y te felicito por tu blog y por tus logros
Hola Claudia,
Gracias por tu comentario. Siento mucho que haya empeorado tu estado precisamente ahora, con tu embarazo. ¿Lo has hablado con la doctora que te ayudó a mejorar? Quizás te pueda ayudar y aliviar el dolor sin comprometer tu salud ni la de tu hijo.
Por otro lado, a menudo los médicos hablan de alimentación a pesar de tener poca formación y estar desactualizados por lo general, en lugar de derivar a sus pacientes a los dietistas nutricionistas que son quienes están realmente preparados para sugerir ese tipo de cambios. Según afirman muchos de ellos, no hay alimentos imprescindibles y la leche en concreto suele dar problemas a muchas personas autoinmunes. No quiero confundirte, pero si tienes deficiencias en algún mineral o vitamina o a raíz de incorporar esos alimentos te has encontrado mal, quizás no era mala idea consultar con un nutricionista que te dé alternativas o un médico integrativo para que valore tu estado general.
Espero que te mejores pronto Claudia y puedas estar al 100% para conocer a tu bebé.
¡Mucho ánimo! Un abrazo fuerte 🙂
Hola Claudia, me llamo Ramón y desde hace años tengo SII y hace poco me han sacado intolerancia/malabsorción del almidón. Antes de saber lo del almidón padecía hasta dolores de articulaciones y espalda. Actualmente sigo una dieta baja en almidón puesta por una nutriciónista. También tengo ansiedad para tratarla voy a una psicóloga y antidepresivos y ansiolíticos (esta medicación me la estoy dejando) porque la psicóloga me lo ha aconsejado. Tu blog me parece muy interesante, he probado a hacer algunas recetas y me han sentado bien. Voy a leer «El cambio a la dieta sin almidón». Gracias por el trabajo que haces. Saludos Cordiales!!
Hola Ramón,
Me alegro mucho de que el blog te haya podido ser útil y espero que pronto resuelvas esos problemas intestinales. Probablemente, a medida que mejore tu salud en ese entorno, lo hagan también los motivos por los que has acudido a la psicóloga. La terapia es muy importante, pero a menudo, necesitamos algo más (por desequilibrios en vitaminas o minerales, mal estado de nuestra microbiota que es muy importante para nuestra salud en ese sentido…). Mucho ánimo y a seguir indagando y trabajando para recuperar tu salud.
Un abrazo,
Luisa 😉
Tan sincero como bienn escrito. El regalo de la verdad. Gracias Luisa por tu honestidad y sabiduría
Gracias a ti Mar i bel. ¡Un abrazo! 🙂